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viernes, 3 de septiembre de 2010

BRASIL: LO QUE SE VIENE

BRASIL: LO QUE SE VIENE

Por Osvaldo Coggiola 


La candidata oficialista (del gobierno de Lula) Dilma Roussef ha superado, en las encuestas electorales, 50% de las intenciones de voto para presidente, lo que anticiparía una victoria ya en el primer turno de octubre, como sucedió en 1998 (cuando el derechista Fernando Henrique Cardoso derrotó a Lula). La candidatura “opositora” de José Serra (PSDB), apoyada por la derecha burguesa, ha descendido a porcentajes en torno del 30%, después de haber superado 40% en los meses precedentes, una verdadera debacle política. Para medirla, basta constatar que en sus últimos programas de TV, Serra prefirió mostrarse en viejas fotografías al lado de... Lula. Se anticipa también un aumento significativo de la bancada parlamentaria del PT (Cámara y Senado) aunque sin mayoría propia. El panorama electoral le es tan favorable, que Lula se empeña ahora en forzar un segundo turno (aunque sea derrotado) en las elecciones para gobernador de los estados de San Pablo e Minas Gerais, bastiones tradicionales de la derecha, y en Rio Grande do Sul, gobernado por el PSDB en los últimos años.
El proceso electoral es el más despolitizado que se pueda concebir. Lo pinta de cuerpo entero un hecho considerado folklórico o anecdótico: la gran cantidad de ex futbolistas, artistas de variedad, cómicos de TV, y hasta modelos eróticas de revistas “masculinas” (prostitutas de alto precio) que se presentan en las listas de todos los partidos (que se libraron a una verdadera caza de este tipo de espécimen), varios(as) con grandes chances de ser elegidos diputados o senadores. El circo electoral, esta vez, precede claramente al circo parlamentario.
Las explicaciones de los analistas sobre el “fenómeno Dilma” (la transferencia de los votos de Lula) apuntan básicamente cuestiones económicas: la relativa “suavidad” de la crisis mundial en Brasil (algo con lo que los cuatro mil despedidos de la Embraer, por ejemplo, no estarían de acuerdo) debida a los programas sociales (“Bolsa Familia” y otros) que habrían obrado como un “colchón”, preservando la demanda interna. Esos programas, que no consumen más que 0,4% del PBI, fueron a su vez resultado de la situación económica favorable a las exportaciones primarias y las “sobras de caja” fiscales de 2002-2008.
Las causas del “fenómeno”, sin embargo, son principalmente políticas. La derecha (PSDB y aliados) no tiene programa alternativo, pues el programa de la burguesía y el capital financiero fueron ejecutados por Lula en sus ocho años de gobierno, el gobierno con más representantes directos del gran capital de toda la historia republicana del Brasil. La recaudación de fondos (empresariales) para la campaña electoral de Dilma es el doble (casi cien millones de dólares declarados) que la de Serra, un voto explícito de la gran burguesía por la candidata de la coalición lulista. La candidatura “ecológica” (PV) de Marina Silva, ex ministra de Lula, con 8-10% de las intenciones de voto, “comió” votos a la izquierda (Heloísa Helena, del PSOL, la apoya explícitamente) y también a la derecha, captando votos “ambientalistas” conservadores.

A pesar de que las políticas de Lula favorecieron al gran capital financiero, la izquierda (“a la izquierda del PT”) tampoco es alternativa, pues se dividió en torno de cuestiones electoralistas (“densidad” o “perfil” de las candidaturas) y de aparato, no de programa ni de políticas, y en sus tres expresiones tomadas mínimamente en cuenta (PSOL, PSTU y PCB) ni siquiera critica al gobierno de Lula en su propaganda electoral televisada, refiriéndose a algunas reivindicaciones generales (a veces secundarias) y al “socialismo”, como si estuviera en otro país. En los debates de la TV, sólo Plinio de Arruda Sampaio (candidato presidencial del PSOL) criticó a Lula, una actitud más personal que de su propio partido. Ninguna de las tres expresiones de esa izquierda llega a 1% de las intenciones de voto.
No es una cuestión coyuntural, rápidamente superable. Es la culminación de tres décadas (desde la fundación del PT) de culto a la maniobra de corto alcance y de privilegio a la construcción del aparato (o mejor, del aparatito) propio. Importa a esas corrientes sobre todo la manutención, por vía sindical o institucional, del flujo de dinero que financia a algunas centenas de “profesionales de la revolución (democrática)”, deformación grotesca del concepto leninista, que sirve de ideología al diletantismo lumpen “de izquierda”. La “extrema izquierda” brasileña, que llegó a presentarse como punto de reagrupamiento internacional, está reducida a la insignificancia política. Lula no tiene competidores a su izquierda.

El futuro gobierno de Dilma es presentado (por la derecha y no pocos analistas supuestamente “originales”, que hablan de “mexicanización” del país, con el PT haciendo el papel de un PRI) como un títere de Lula. Este, a su vez, está totalmente alejado del PT (del que Dilma jamás participó). El gobierno de una camarilla bonapartista, sin embargo, sumado al retroceso de la derecha burguesa, amenaza transformar al PT y a la heteróclita coalición lulista en un campo de batalla por el control de un presupuesto estatal en retroceso, debido a la crisis mundial (esa que según la “izquierda” todavía “no llegó” al Brasil). El déficit en cuenta corriente del país tendrá un récord histórico este año, la deuda externa ha crecido casi 14% en el primer semestre, durante el cual la fuga (oficial) de capitales ha superado los 15 mil millones de dólares. El PSTU, sin embargo, comienza su programa afirmando que... “la crisis económica acabará alcanzando al Brasil”! (sic).

Frente a la perspectiva de una debacle económica, el programa (mejor, el expediente) de la burguesía brasileña es el mismo del gobierno (y por eso prefiere no cambiarlo): la entrega sin precedentes de los recursos energéticos, a través de la “capitalización” de la Petrobrás, “argentinizando”, más que “mexicanizando” al país (incluida, como en el gobierno platino, una morganática pareja simbólica del poder), o sea, transformándolo en una semicolonia de exportaciones primarias. El movimiento de masas (con sus organizaciones hiper-burocratizadas) no consigue superar su largo retroceso (el Conclat de la izquierda sindical sumó un nuevo fracaso en ese sentido): la reconstitución de una izquierda revolucionaria es esencial para dotarlo de una perspectiva de lucha independiente.

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